dimecres, 15 d’octubre de 2008

Marga

Esta sangre maldita se te quedó dormida
por la hoja amarilla de un otoño morado
al día de raparte la cabecita hermosa
¡que no crea la quimio que te dejó pelona!

Ya no estás, Margarita. Aquel que colecciona
con la lupa en la mano –pues es muy viejo ya-
se ha pegado el gustazo de cosecharte el alma
y comprobar gozoso que no la tiene “repe”.

Se nos bebió el cangrejo la botella de vino.
Hicieron falta tres cangrejos con sus pinzas
para pinzarte, tercos, la arteria de la vida.
Ya no podrás hurgarme a través de los ojos.

Mientras tanto me quedo con tu estrella clavada
en el alma del alma capándome el dolor,
pero reconfortado, custodiando el ovillo
de amistades tejidas, confidencias y tiempos.

No te muerdas la lengua, pero los “tacos” justos.
Tú asómate al ladito como disimulando
por si estuviera escrito mi nombre en la casilla,
espérame que voy con dos martinis secos.

Félix